Diego Hernán Rosain (Argentina, 1991) Licenciado y Profesor Normal y Superior en Letras por la Universidad de Buenos Aires (FFyL-UBA). Adscripto a la cátedra de Problemas de Literatura Latinoamericana a cargo de la Prof. Marcela Croce con el proyecto titulado: “Ficciones especulativas: emergencia y contacto entre las poéticas de Macedonio Fernández y Jorge Luis Borges”. Ha publicado artículos en revistas como Puesta en Escena, Exlibris y BADEBEC. Dirección electrónica: dhernan_rosain@live.com.ar
lunes, 7 de noviembre de 2011
Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano.
"No soy de los que afirman que sus acciones no se les parecen. Muy al contrario, pues ellas son mi única medida, el único medio de grabarme en la memoria de los hombres y aun en la mía propia; quizá sea la imposibilidad de seguir expresándose y modificándose por la acción lo que constituye la diferencia entre un muerto y un ser viviente. Pero entre yo y los actos que me constituyen existe un hiato indefinible. La prueba está en que sin cesar siento la necesidad de pensarlos, explicarlos, justificarlos ante mí mismo. Ciertos trabajos que duraron poco son despreciables, pero otras ocupaciones que abarcaron toda mi vida no me parecen más significativas. En el momento de escribir esto, por ejemplo, no me parece esencial haber sido emperador."
martes, 1 de noviembre de 2011
Germinando.
El sueño fue realmente breve: nos encontrábamos en un tren, con vagones similares a los que se ven en la línea A del subte, con asientos y paredes de madera, lámpara de techo y puertas manuales. El tren estaba atravesando el borde de una montaña; lo sé porque a mi derecha se podía ver un amplio campo cultivado y parcelado muy por debajo de nosotros.
Nos dirigíamos a buscar un asiento, aunque el vagón estaba completamente vacío por lo cual no había necesidad. Yo la seguía desde atrás. Estábamos en medio del vagón. Ella tocó una de las barandas que enganchan el asiento con el techo pero no llegó a agarrase.
El tren tomó velocidad, hizo que nos tambaleáramos. Yo me mantuve pero ella perdió el equilibrio y cayó hacia atrás. Yo previne aquél movimiento, me adelanté un poco y la tomé por los hombros, pero no pude evitar que chocara contra mi pecho. La cámara cambió de ángulo y se posó sobre mi hombro izquierdo para mostrarme mejor toda la escena.
Probablemente en mi sueño era más alto (o ella más baja) porque cuando volví en mí le llevaba una cabeza. Ella se volteó, despacio, hacia la izquierda, pero sólo con la cabeza, sin levantarla. Me miró a los ojos, luego a los labios. Lo último que llegué a ver fue cómo cerraba los párpados y me besaba.
Me desperté, recordando cada detalle del sueño. Al principio me pareció raro, me pregunté por qué ella. Hice algunas conexiones lógicas entre el sueño y la realidad, me reí un poco de mí mismo. Para cuando salí de casa ya no le daba importancia, pero nunca me percaté que desde ese día, algo comenzó a germinar dentro de mí.
Nos dirigíamos a buscar un asiento, aunque el vagón estaba completamente vacío por lo cual no había necesidad. Yo la seguía desde atrás. Estábamos en medio del vagón. Ella tocó una de las barandas que enganchan el asiento con el techo pero no llegó a agarrase.
El tren tomó velocidad, hizo que nos tambaleáramos. Yo me mantuve pero ella perdió el equilibrio y cayó hacia atrás. Yo previne aquél movimiento, me adelanté un poco y la tomé por los hombros, pero no pude evitar que chocara contra mi pecho. La cámara cambió de ángulo y se posó sobre mi hombro izquierdo para mostrarme mejor toda la escena.
Probablemente en mi sueño era más alto (o ella más baja) porque cuando volví en mí le llevaba una cabeza. Ella se volteó, despacio, hacia la izquierda, pero sólo con la cabeza, sin levantarla. Me miró a los ojos, luego a los labios. Lo último que llegué a ver fue cómo cerraba los párpados y me besaba.
Me desperté, recordando cada detalle del sueño. Al principio me pareció raro, me pregunté por qué ella. Hice algunas conexiones lógicas entre el sueño y la realidad, me reí un poco de mí mismo. Para cuando salí de casa ya no le daba importancia, pero nunca me percaté que desde ese día, algo comenzó a germinar dentro de mí.
jueves, 27 de octubre de 2011
Felices.
Ansiosos por lo que nos aguarda la misma espera,
deseosos por hacer sonar las alarmas de todos los autos y de tocar cada timbre para que la gente se contagie,
eufóricos porque es jueves, porque hace 19 grados de temperatura,
optimistas porque nuestras reglas son rectas y nuestros sexos funcionan,
regodeados de afanosos regocijos,
insaciables de júbilo sin estupor,
maravillados de que el verde no se caiga de los árboles,
atrevidos por cruzar las calles con los semáforos en amarillo,
dementes de pasión por sentir cómo la sangre circula en nuestras venas,
temerosos de rayar la locura de tanta alegría,
avergonzados de tener un pasado, pero orgullosos de que haya un mañana,
imposibilitados a detenernos por miedo a que se nos paren los pulmones, el cerebro, el corazón; corazón que se nos puede salir por la boca y explotar como una bomba, como fuegos artificiales,
sentir que somos capaces de hacer cualquier cosa y estar asustados por lo que somos capaces de hacer,
con ganas de morder el colchón con los dientes y destriparle el relleno como perros rabiosos,
pensar en la posibilidad de que la más mínima brisa nos ponga la piel de gallina,
contentos, por el simple hecho de estar vivos, vivos de verdad, vivos al fin.
deseosos por hacer sonar las alarmas de todos los autos y de tocar cada timbre para que la gente se contagie,
eufóricos porque es jueves, porque hace 19 grados de temperatura,
optimistas porque nuestras reglas son rectas y nuestros sexos funcionan,
regodeados de afanosos regocijos,
insaciables de júbilo sin estupor,
maravillados de que el verde no se caiga de los árboles,
atrevidos por cruzar las calles con los semáforos en amarillo,
dementes de pasión por sentir cómo la sangre circula en nuestras venas,
temerosos de rayar la locura de tanta alegría,
avergonzados de tener un pasado, pero orgullosos de que haya un mañana,
imposibilitados a detenernos por miedo a que se nos paren los pulmones, el cerebro, el corazón; corazón que se nos puede salir por la boca y explotar como una bomba, como fuegos artificiales,
sentir que somos capaces de hacer cualquier cosa y estar asustados por lo que somos capaces de hacer,
con ganas de morder el colchón con los dientes y destriparle el relleno como perros rabiosos,
pensar en la posibilidad de que la más mínima brisa nos ponga la piel de gallina,
contentos, por el simple hecho de estar vivos, vivos de verdad, vivos al fin.
martes, 18 de octubre de 2011
Aguas.
H2O
Aqua, water
¡Hagan agujeros para extraer agua!
Agua dulce, agua salada
Agua potable, agua contaminada, agua purificada
¡Dos gotas iguales de agua!
Agua fría, agua tibia, agua caliente
Agua helada, agua hirviente
¡Guarniciones de agua en todo el mundo!
“Agua turbia, agua clara”
“Aguafuertes porteñas” para matar el aburrimiento
¡Aguarde, aguatero! Y guárdeme un poco de agua
Agua destilada
Agua sólida (hielo), agua líquida (agua), agua gaseosa (vapor de agua)
Agua oxigenada para las manchas, aguarrás para la pintura
¡Aguas antiguas y aguas modernas!
Aguafiestas que nos arruinan el momento
Pájaros de mal agüero que traen mala suerte
¡Protegednos Ángel de la Guarda!
¿Agua de lluvia? ¡Pues paraguas para el aguacero!
Aguanieve durante el invierno
Agua fresca el agüita de rocío
¡Terminemos pasados por agua, pero no aguados!
¿Agua mineral, agua finamente gasificada,
agua tónica o agua saborizada?
Aguacate para saciar mi hambre y aguardiente para emborracharme de agua
¡Un agua al lado de otra, aguas contiguas!
Agua de las canillas, los bebederos, las fuentes, las cataratas, los mingitorios, las duchas y los inodoros
¡Aguante el agua!
Y sin embargo, tengo tanta sed…
Aqua, water
¡Hagan agujeros para extraer agua!
Agua dulce, agua salada
Agua potable, agua contaminada, agua purificada
¡Dos gotas iguales de agua!
Agua fría, agua tibia, agua caliente
Agua helada, agua hirviente
¡Guarniciones de agua en todo el mundo!
“Agua turbia, agua clara”
“Aguafuertes porteñas” para matar el aburrimiento
¡Aguarde, aguatero! Y guárdeme un poco de agua
Agua destilada
Agua sólida (hielo), agua líquida (agua), agua gaseosa (vapor de agua)
Agua oxigenada para las manchas, aguarrás para la pintura
¡Aguas antiguas y aguas modernas!
Aguafiestas que nos arruinan el momento
Pájaros de mal agüero que traen mala suerte
¡Protegednos Ángel de la Guarda!
¿Agua de lluvia? ¡Pues paraguas para el aguacero!
Aguanieve durante el invierno
Agua fresca el agüita de rocío
¡Terminemos pasados por agua, pero no aguados!
¿Agua mineral, agua finamente gasificada,
agua tónica o agua saborizada?
Aguacate para saciar mi hambre y aguardiente para emborracharme de agua
¡Un agua al lado de otra, aguas contiguas!
Agua de las canillas, los bebederos, las fuentes, las cataratas, los mingitorios, las duchas y los inodoros
¡Aguante el agua!
Y sin embargo, tengo tanta sed…
martes, 11 de octubre de 2011
Poema para no ser leído en el tren.
El calor de los vagones en verano es insoportable. Las viejas que se quejan, se sofocan y se desmayan antes de llegar a sus destinos. Los borrachos que se gritan entre ellos de punta a punta. Los irrespetuosos que ponen música a todo volumen e incomodan a las mujeres. Los niños que lloran porque quieren bajarse para poder respirar.
Los cuerpos vestidos se aprietan en orgías implacenteras. En lugar de las suaves pieles de los amantes son las ropas y los bolsos quienes se rozan mientras se lastiman y se paspan. El sudor deja de ser consecuencia del amor para transformarse en marca de la disconformidad. Los ingenuos que vienen de afuera parecen querer sumarse a la fiesta mientras que los de adentro les restringen el paso.
Rostros agobiados que exigen una gota de aire piensan en agarrar lo primero que tengan a mano para romper una ventana y escapar de aquél infierno. Los oídos se tragan los auriculares, los ojos intentan ensuciarse de apuntes para no pensar, para no sentir el calvario.
La calma parece algo que puede perderse en cualquier momento. Cada estación es un suspiro y otra bocanada de oxígeno hasta la próxima. El aire acondicionado está, pero no se siente. Los vidrios se empañan deformando el paisaje.
¡Silencio!
Alguien se ha echado un gas. Por suerte llegamos a Retiro, pero aún nos queda el subte…
Los cuerpos vestidos se aprietan en orgías implacenteras. En lugar de las suaves pieles de los amantes son las ropas y los bolsos quienes se rozan mientras se lastiman y se paspan. El sudor deja de ser consecuencia del amor para transformarse en marca de la disconformidad. Los ingenuos que vienen de afuera parecen querer sumarse a la fiesta mientras que los de adentro les restringen el paso.
Rostros agobiados que exigen una gota de aire piensan en agarrar lo primero que tengan a mano para romper una ventana y escapar de aquél infierno. Los oídos se tragan los auriculares, los ojos intentan ensuciarse de apuntes para no pensar, para no sentir el calvario.
La calma parece algo que puede perderse en cualquier momento. Cada estación es un suspiro y otra bocanada de oxígeno hasta la próxima. El aire acondicionado está, pero no se siente. Los vidrios se empañan deformando el paisaje.
¡Silencio!
Alguien se ha echado un gas. Por suerte llegamos a Retiro, pero aún nos queda el subte…
domingo, 11 de septiembre de 2011
Mickey con embolia.
Por aquella cerveza
que tiraste en mi cabeza
efervescía mi conciencia
y no podía pensar.
El doctor perimetreaba
alrededor de la plaza
buscando aquel agua
que cortara la sed.
En Sirá se ve que el tanque
no te dejó ver el ángel
por el cual tanto quejaste
y no podías parar.
Mientras Freud buscaba
y su cabeza hilvanaba
las memorias del perdido
que decidió retornar.
El anfitrión recordaba
los placeres de su infancia
recostado en la escalada
y deseando el dormitar.
Y mientras yo bromeaba,
el menor extrañaba,
el mayor se quejaba,
el anfitrión dormitaba
el doctor se secaba
Freud retornaba
los rulos se esfumaban
y los vecinos de la plaza
no podían dormir.
que tiraste en mi cabeza
efervescía mi conciencia
y no podía pensar.
El doctor perimetreaba
alrededor de la plaza
buscando aquel agua
que cortara la sed.
En Sirá se ve que el tanque
no te dejó ver el ángel
por el cual tanto quejaste
y no podías parar.
Mientras Freud buscaba
y su cabeza hilvanaba
las memorias del perdido
que decidió retornar.
El anfitrión recordaba
los placeres de su infancia
recostado en la escalada
y deseando el dormitar.
Y mientras yo bromeaba,
el menor extrañaba,
el mayor se quejaba,
el anfitrión dormitaba
el doctor se secaba
Freud retornaba
los rulos se esfumaban
y los vecinos de la plaza
no podían dormir.
11 de septiembre de 2011, Plaza Vicente López y Planes, Olivos.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Crítica de un crítico a otro.
Con motivo de la publicación de su nueva obra, deseo con todo mi ser aprovechar éste mi espacio sobre crítica literaria, con el objeto de poner en evidencia la verdadera clase de persona que es el señor Arturo Esteban Ponce.
Si bien debo admitir que su reciente producción acerca de “Los procedimientos digestivos: estudio sobre el estilo en los textos antropófagos del Brasil” será bien recibida por parte de la avant garde intelectual, mucho mérito le quita a su obra el hecho de que precisamente sea él su autor. Como bien estará informado el público, el señor Ponce ha adquirido su fama por medios oscuros, o por lo menos, opacos y poco conocidos.
La novela con la cual se insertó en el ámbito literario, “La comadrona”, y con la cual recibió el premio Lugones de literatura en 1987, es una ingeniosa y didáctica trama (la cual recibió muy buenas críticas por parte de la prensa y del público en su momento), su inicio como escritor profesional y material de lectura en las secundarias y universidades hoy en día. Si bien yo también reconozco la creatividad del autor, lamento informar a mis lectores que no es para nada original. Su argumento no sólo se asemeja a la novela del literato ruso Vladimir Mpköshinov, “La nodriza”, sino que también recicla varias de las leyendas y fábulas tradicionales de Siberia, lo cual me lleva a pensar que, aprovechando la falta de conocimiento de los lectores en materia de este tema, creó una falsa sensación de originalidad para su propio beneficio.
Para aquellos que son más apegados al señor Ponce, como lo es mi caso, podrán advertir tanto en su prosa como en su poética: el constante uso de fórmulas fosilizadas, de rápido y fácil acceso al vulgo; el recurso constante al plagio escondido tras una máscara de parodia; la utilización de temas banales y/o tabúes; entre otros. A modo de ejemplo, invito a cualquiera a que lea “Cómo decirle que no a la costillita” y que confirme lo que acabo de decir.
No solo su obra es de pobre y dudosa procedencia. También muchos rasgos de su personalidad y vida privada son deplorables. Yo he tenido el desagrado de compartir con él parte de su educación secundaria y terciaria y puedo decirles el tipo de sabandija con el que desperdicié años de mi carrera.
Siempre ocultaba sus malos hábitos detrás de altas calificaciones y buenos rendimientos académicos y artísticos. Era una persona “simpática”. Hacía amigos y caía bien a los maestros con el simple fin de aumentar su popularidad. Lo cierto es que detrás de su conducta intachable se ocultaban varios vicios de los cuales pocos éramos los que nos enterábamos, porque todo lo hacía de manera clandestina. Malgastaba su tiempo frecuentando antros de mala fama, derrochaba su dinero en mujerzuelas y bebidas, y su pasatiempo favorito siempre fueron los juegos de azar. Lo que es peor, estoy seguro de que hasta el día de hoy no ha perdido ninguno de estos malos hábitos.
Permítaseme decir que individuos como este no merecen más que ser apedreados frente a la plaza pública para que su castigo sirva de ejemplo para las generaciones venideras. El exilio sería apenas una reprimenda para el tamaño castigo que este hombre merece en realidad. No solo su obra, sino también su existencia deberían ser quemadas en la hoguera con el fin de remediar toda injuria e infamia proferida por su persona. Sin ningún tipo de sacramento, sin un último deseo. Borrar de la faz de la tierra toda huella que hayan dejado las suelas de sus zapatos o las yemas de sus dedos para así librar al mundo de este mal conocido como Arturo Esteban Ponce.
Si bien debo admitir que su reciente producción acerca de “Los procedimientos digestivos: estudio sobre el estilo en los textos antropófagos del Brasil” será bien recibida por parte de la avant garde intelectual, mucho mérito le quita a su obra el hecho de que precisamente sea él su autor. Como bien estará informado el público, el señor Ponce ha adquirido su fama por medios oscuros, o por lo menos, opacos y poco conocidos.
La novela con la cual se insertó en el ámbito literario, “La comadrona”, y con la cual recibió el premio Lugones de literatura en 1987, es una ingeniosa y didáctica trama (la cual recibió muy buenas críticas por parte de la prensa y del público en su momento), su inicio como escritor profesional y material de lectura en las secundarias y universidades hoy en día. Si bien yo también reconozco la creatividad del autor, lamento informar a mis lectores que no es para nada original. Su argumento no sólo se asemeja a la novela del literato ruso Vladimir Mpköshinov, “La nodriza”, sino que también recicla varias de las leyendas y fábulas tradicionales de Siberia, lo cual me lleva a pensar que, aprovechando la falta de conocimiento de los lectores en materia de este tema, creó una falsa sensación de originalidad para su propio beneficio.
Para aquellos que son más apegados al señor Ponce, como lo es mi caso, podrán advertir tanto en su prosa como en su poética: el constante uso de fórmulas fosilizadas, de rápido y fácil acceso al vulgo; el recurso constante al plagio escondido tras una máscara de parodia; la utilización de temas banales y/o tabúes; entre otros. A modo de ejemplo, invito a cualquiera a que lea “Cómo decirle que no a la costillita” y que confirme lo que acabo de decir.
No solo su obra es de pobre y dudosa procedencia. También muchos rasgos de su personalidad y vida privada son deplorables. Yo he tenido el desagrado de compartir con él parte de su educación secundaria y terciaria y puedo decirles el tipo de sabandija con el que desperdicié años de mi carrera.
Siempre ocultaba sus malos hábitos detrás de altas calificaciones y buenos rendimientos académicos y artísticos. Era una persona “simpática”. Hacía amigos y caía bien a los maestros con el simple fin de aumentar su popularidad. Lo cierto es que detrás de su conducta intachable se ocultaban varios vicios de los cuales pocos éramos los que nos enterábamos, porque todo lo hacía de manera clandestina. Malgastaba su tiempo frecuentando antros de mala fama, derrochaba su dinero en mujerzuelas y bebidas, y su pasatiempo favorito siempre fueron los juegos de azar. Lo que es peor, estoy seguro de que hasta el día de hoy no ha perdido ninguno de estos malos hábitos.
Permítaseme decir que individuos como este no merecen más que ser apedreados frente a la plaza pública para que su castigo sirva de ejemplo para las generaciones venideras. El exilio sería apenas una reprimenda para el tamaño castigo que este hombre merece en realidad. No solo su obra, sino también su existencia deberían ser quemadas en la hoguera con el fin de remediar toda injuria e infamia proferida por su persona. Sin ningún tipo de sacramento, sin un último deseo. Borrar de la faz de la tierra toda huella que hayan dejado las suelas de sus zapatos o las yemas de sus dedos para así librar al mundo de este mal conocido como Arturo Esteban Ponce.
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