domingo, 11 de septiembre de 2011

Mickey con embolia.

Por aquella cerveza
que tiraste en mi cabeza
efervescía mi conciencia
y no podía pensar.

El doctor perimetreaba
alrededor de la plaza
buscando aquel agua
que cortara la sed.

En Sirá se ve que el tanque
no te dejó ver el ángel
por el cual tanto quejaste
y no podías parar.

Mientras Freud buscaba
y su cabeza hilvanaba
las memorias del perdido
que decidió retornar.

El anfitrión recordaba
los placeres de su infancia
recostado en la escalada
y deseando el dormitar.

Y mientras yo bromeaba,
el menor extrañaba,
el mayor se quejaba,
el anfitrión dormitaba
el doctor se secaba
Freud retornaba
los rulos se esfumaban
y los vecinos de la plaza
no podían dormir.


11 de septiembre de 2011, Plaza Vicente López y Planes, Olivos.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Crítica de un crítico a otro.

Con motivo de la publicación de su nueva obra, deseo con todo mi ser aprovechar éste mi espacio sobre crítica literaria, con el objeto de poner en evidencia la verdadera clase de persona que es el señor Arturo Esteban Ponce.
Si bien debo admitir que su reciente producción acerca de “Los procedimientos digestivos: estudio sobre el estilo en los textos antropófagos del Brasil” será bien recibida por parte de la avant garde intelectual, mucho mérito le quita a su obra el hecho de que precisamente sea él su autor. Como bien estará informado el público, el señor Ponce ha adquirido su fama por medios oscuros, o por lo menos, opacos y poco conocidos.
La novela con la cual se insertó en el ámbito literario, “La comadrona”, y con la cual recibió el premio Lugones de literatura en 1987, es una ingeniosa y didáctica trama (la cual recibió muy buenas críticas por parte de la prensa y del público en su momento), su inicio como escritor profesional y material de lectura en las secundarias y universidades hoy en día. Si bien yo también reconozco la creatividad del autor, lamento informar a mis lectores que no es para nada original. Su argumento no sólo se asemeja a la novela del literato ruso Vladimir Mpköshinov, “La nodriza”, sino que también recicla varias de las leyendas y fábulas tradicionales de Siberia, lo cual me lleva a pensar que, aprovechando la falta de conocimiento de los lectores en materia de este tema, creó una falsa sensación de originalidad para su propio beneficio.
Para aquellos que son más apegados al señor Ponce, como lo es mi caso, podrán advertir tanto en su prosa como en su poética: el constante uso de fórmulas fosilizadas, de rápido y fácil acceso al vulgo; el recurso constante al plagio escondido tras una máscara de parodia; la utilización de temas banales y/o tabúes; entre otros. A modo de ejemplo, invito a cualquiera a que lea “Cómo decirle que no a la costillita” y que confirme lo que acabo de decir.
No solo su obra es de pobre y dudosa procedencia. También muchos rasgos de su personalidad y vida privada son deplorables. Yo he tenido el desagrado de compartir con él parte de su educación secundaria y terciaria y puedo decirles el tipo de sabandija con el que desperdicié años de mi carrera.
Siempre ocultaba sus malos hábitos detrás de altas calificaciones y buenos rendimientos académicos y artísticos. Era una persona “simpática”. Hacía amigos y caía bien a los maestros con el simple fin de aumentar su popularidad. Lo cierto es que detrás de su conducta intachable se ocultaban varios vicios de los cuales pocos éramos los que nos enterábamos, porque todo lo hacía de manera clandestina. Malgastaba su tiempo frecuentando antros de mala fama, derrochaba su dinero en mujerzuelas y bebidas, y su pasatiempo favorito siempre fueron los juegos de azar. Lo que es peor, estoy seguro de que hasta el día de hoy no ha perdido ninguno de estos malos hábitos.
Permítaseme decir que individuos como este no merecen más que ser apedreados frente a la plaza pública para que su castigo sirva de ejemplo para las generaciones venideras. El exilio sería apenas una reprimenda para el tamaño castigo que este hombre merece en realidad. No solo su obra, sino también su existencia deberían ser quemadas en la hoguera con el fin de remediar toda injuria e infamia proferida por su persona. Sin ningún tipo de sacramento, sin un último deseo. Borrar de la faz de la tierra toda huella que hayan dejado las suelas de sus zapatos o las yemas de sus dedos para así librar al mundo de este mal conocido como Arturo Esteban Ponce.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Andre Bréton, Primer manifiesto surrealista.

[...] El espíritu del hombre que sueña queda plenamente satisfecho con lo que sueña. La angustiante incógnita de la posibilidad deja de formularse. Mata, vuela más de prisa, ama cuanto quieras. Y si mueres, ¿acaso no tienes la certeza de despertar entre los muertos? Déjate llevar, los acontecimientos no toleran que los difieras. Careces de nombre. Todo es de una facilidad preciosa.
Me pregunto qué razón, razón muy superior a la otra, confiere al sueño este aire de naturalidad, y me induce a acoger sin reservas una multitud de episodios cuya rareza me deja anonadado, ahora, en el momento en que escribo. Sin embargo, he de creer el testimonio de mi vista, de mis oídos; aquel día tan hermoso existió, y aquel animal habló.
La dureza del despertar del hombre, lo súbito de la ruptura del encanto, se debe a que se le ha inducido ha formarse una débil idea de lo que es la expiación [...]

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿Quién?

Soy yo,
el hijo pródigo,
el hijo prodigio
del amor de la soledad,
quien sobrevive,
que atestigua
su palabra
y la de nadie más.

¿Qué esperas
del solitario,
la solitud,
la soltud?

Hazte amigo
y se te aferrará
con uñas y dientes.
Hazle un gesto
y creerá que le agradas,
que le gustas,
que lo amas.

Pero el mismo,
el sigo,
consigo,
tan afectivo,
no perdona;
así que
no lo engañes
porque te espera
la horca.

martes, 23 de agosto de 2011

Oliverio Girondo, Ella.

Es una intensísima corriente
un relámpago ser de lecho
una dona mórbida ola
un reflujo zumbo de anestesia
una rompiente ente florescente
una voraz contráctil prensil corola entreabierta
y su rocío afrodisíaco
y su carnalesencia
natal
letal
alveolo beodo de violo
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que
estrellan y disgregan
aunque Dios sea su vientre
pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada
una libélula de médula
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes
un chupochupo súcubo molusco
que gota a gota agota boca a boca
la mucho mucho gozo
la muy total sofoco
la toda ¡shock! tras ¡shock!
la íntegra colapso
es un hermoso síncope con foso
un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico
un ¡knock out! técnico dichoso
si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios
el obsesivo residuo de una solución insoluble
un mecanismo radioanímico
un terno bípedo bullente
un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio
y espasmos lírico-dramáticos
aunque tal vez sea un espejismo
un paradigma
un eromito
una apariencia de la ausencia
una entelequia inexistente
las trenzas náyades de Ofelia
o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable
una despótica materia
el paraíso hecho carne
una perdiz a la crema.

lunes, 15 de agosto de 2011

Fábula de Solus y Spes.

La diferencia entre mentir y tener fe, es que cuando mentimos queremos creer en algo que no es cierto; la fe, en cambio, es creer en algo que es incomprobable.


En algún punto de la historia del tiempo, en un manso lago, de lo que debía ser un solo ser nacieron dos hermanos. Primero nació Solus e inmediatamente después, Spes. Si bien Spes y Solus eran inseparables, tenían personalidades muy diferentes. Spes era alegre, inquieto y juguetón, mientras que Solus era tímido, callado y poco expresivo. A cualquier lugar donde fuera Solus, Spes lo seguía muy de cerca, sin perder rastro o palabra de su hermano.
No solo sus personalidades eran distintas, sino también sus sentimientos mutuos. Spes quería mucho a Solus; lo cuidaba, trataba de complacerlo y que nunca le faltase nada. Sin embargo, a Solus poco le importaba lo que hacía o dejaba de hacer su hermano.
Un día, cuando Solus se alejó un poco del lago, conoció a Amat. No podía creer que tan cerca de su hogar existiera alguien más que no fuera él o su hermano. Muy tímidamente y con mucha curiosidad, se acercó a Amat y comenzaron a hablar de manera muy animada como nunca antes Solus lo había hecho. Desde ese día Solus frecuentaba salir del lago para encontrarse con Amat y pasarse largas horas charlando de los animales, las plantas y las estaciones. Así pasaron los días, las semanas y los meses sin que Solus sospechara la ausencia de Spes.
Al cumplirse el primer aniversario desde que se conocieron, Solus fue a encontrarse con Amat como de costumbre, pero ella nunca apareció. Solus esperó durante todo el día hasta que se hizo de noche, hasta que volvió a hacerse de día, hasta que pasó una semana y hasta que pasó el invierno. Amat no volvió a aparecer y Solus creyó durante todo ese tiempo que fue por culpa suya. “Quizás haya encontrado a alguien más divertido que yo”, se decía a sí mismo Solus; “quizás no le agradaba; al fin y al cabo, ¿a quién podría caerle bien?”. Al pensar en esas palabras recordó a Spes. Se había dado cuenta de que había pasado todo un año desde la última vez que lo vio. Eso entristeció mucho a Solus; olvidarse de su único hermano, aquél que lo acompañó durante toda su vida, Solus fue muy egoísta después de todo lo que Spes hizo por él.
Corrió entonces de vuelta hacia el lago para reencontrarse con su querido hermano, para reconciliarse, para decirle que lo extrañaba, que lo quería y que nunca más se alejaría de su lado por un capricho. Pero cuando llegó, notó que nada ni nadie rondaba cerca del lago. Rodeo tres veces el lago, recorrió los alrededores y se trepó a los árboles más altos sin encontrar rastro de su hermano. Cuando ya había perdido toda esperanza de encontrar a Spes, lloró y lloró por largo rato sus desdichas hasta crear un pequeño río que desembocó en el lago donde ambos habían nacido. Al abrir los ojos, Solus vio en el charco el rostro de Spes.
-¡Spes! ¿Acaso estás dentro del charco? –dijo Solus.
-Yo siempre estoy detrás de ti, Solus; cada vez que lo desees –respondió Spes.
Aunque no podía ver a Spes, él siempre estaba a su lado. Cuando se dio vuelta, pudo ver el cuerpo entero de su hermano.
-¡Spes, creí que te habías ido! ¡Tenía miedo de no volver a verte nunca más! Me he comportado terriblemente contigo ¿Podrás perdonarme? Te prometo que nunca más me alejaré de tu lado.
-Te perdono, Solus. Pero no puedes prometerme eso. Algún día encontrarás a alguien más que cuide de ti y ese será el día en que nos separaremos para siempre. Pero recuerda, que cuando ese día llegue, yo seguiré vivo en tus actos y en tus sentimientos.
Desde entonces Solus valoró los esfuerzos de su hermano y esperaron juntos el día en que ambos volverían a ser uno.

jueves, 11 de agosto de 2011

Ser sin.

Un ser con falta de afecto cae en la soledad. Un ser con falta de cariño cae en la desesperación. Un ser con falta de amor cae en la paranoia, en decadencia, en muerte en vida. Como una rosa sin luz ni agua, como el fuego sin oxígeno, como un libro sin lector, un ser sin amor no es ser.