viernes, 10 de octubre de 2014

Así te querré.

Con pelirroja sonrisa
con pecosa mirada
con extraviados lóbulos
con melodiosa cabellera
con deliciosa piel
con aromática ironía
con pecaminosa timidez
con degustable silueta
así te imagino
así te querré.

lunes, 26 de mayo de 2014

Ensoñación.

Osas, mujer, acercarte entre sueños
y no presentarte bajo ningún nombre.
Tu rostro queda impregnado en mi pecho
como un recuerdo o una profecía.
¿Eres pasado o serás futuro?
De la nada se engendra la nada
y tu mirada me sabe a vida, a todo.
Palpar tus labios y sentirte verdad,
me despierto y estoy en la mentira.

lunes, 12 de mayo de 2014

Tanto diferentes son los hombres y tanto.

A César Vallejo.

Tanto diferentes son los hombres y tanto
sufren por las mismas causas:
lloran cuando les atan las manos,
gritan cuando les quiebran las piernas,
odian cuando les cortan las alas,
arremeten cuando les tuercen los tentáculos,
caducan cuando les rompen la trucha,
mueren cuando les desmenuzan los poyos.

Por suerte padecen de uno y no tres corazones,
las venas y los alveolos no soportarían tanto pudor.

¡Ay, si solo tán solo pudiera dividir sus dolores,
compartirlos en compañía,
volverlos medios, cuartos, décimas partes de dolor!

¡Quítense las cicatrices y arránquense
las llagas,
y emparchen mi alma sin remendar
con ellas!

Ahora o nunca,
que la muerte aún no me alcanza
y tengo más tiempo para sufrir
que ustedes.

sábado, 12 de abril de 2014

Agresión.

Ahí estás,
ese eres tú,
el que se sienta solo,
el chivo expiatorio,
el que le cuesta adaptarse,
el que no participa en clases.

En ti volcaré todas mis frustraciones
en forma de agresiones:
el alcoholismo de mi madre,
el abandono de mi padre,
el maltrato de mis pares,
y las cosas que no tengo.

¡Felicidades!
Has sido el elegido en esta lotería cósmica,
donde el más fuerte devora al más débil,
donde uno es obligado a ser infeliz
para que el resto pueda disfrutar al menos por un rato.

¡Felicidades otra vez!
Serás hermoso como Cristo
e infeliz como Judas.
Los hombres te deberán todo
y no recibirás nada a
cambio más que miserias.

¡Arriba, rey de los bufones!
Que esto es sólo el principio,
y la jornada recién comienza.

lunes, 7 de abril de 2014

El día que seas feliz.

El día que seas feliz estudiarás algo que de verdad te guste,
trabajarás y no lo sentirás como una obligación,
y ya no recurrirás a drogas para que el tiempo no te duela.

El día que seas feliz comenzarás a dar más de lo que recibas,
serás sincera y dirás todo lo que piensas
y te reunirás sólo con aquellos que de verdad te aprecian.

El día que seas feliz irradiarás una luz contagiosa,
alegrarás a los demás con tan solo una sonrisa,
y nadie podrá quebrantar todo aquello por lo que has luchado.

El día que seas feliz ya no crearás ilusiones, sino esperanzas
no sueños, sino realidades,
no proyectos, sino metas.

El día que seas feliz ya no estarás sola,
porque yo estaré tu lado,
para ser feliz contigo.

sábado, 5 de abril de 2014

Literatura.

  Boquitas pintadas besan las cicatrices que
nadie, nada, nunca me dejaron en el cuerpo,
y alientan mi respiración artificial
mientras una rosa blindada vela por el sueño de los héroes.
  Todos bailan cuando el acompañamiento
recita cánticos sobre héroes y tumbas;
todos menos los reventados, que son atacados por las ratas y las fieras.
  Y un niño, que encuentra un juguete rabioso entre ruinas circulares
pierde, en el camino, un kilo de oro en la masmédula.
  La vida es tango, misteriosa Buenos Aires;
un constante vivir afuera,
variaciones en rojo de un viaje olvidado;
y si logramos decir sí, algún día, quizás,
las puertas del cielo se abrirán para nosotros.

domingo, 1 de diciembre de 2013

¿Qué se puede hacer con una tradición?

Una tradición es esa pequeña molestia con la que cargamos desde el momento en que nacemos y que se nos vuelve presente a la hora de escribir. Una vez que la tenemos en frente debemos decidir qué hacer con ella. Podemos buscar nuestro espacio dentro de dicha tradición, hacer nuestro huequito donde nos sintamos más cómodos, donde nuestros gustos y afinidades puedan aprovecharse al máximo; bien podríamos también tratar vanamente de olvidarnos de todo lo que hemos visto hasta ahora para no caer en la redundancia y buscar allí donde nadie ha hurgado antes, en el terreno de lo inmediatamente presente y lo futuro, aquello que aún no ha sido escrito, y que está siempre asechado por el fracaso. Lo último que podemos hacer es jugar con ella: torcerla, darla vuelta, sacudirla, armar un collage, experimentar con lo que ya existe para recrearlo. El resto de las operaciones posibles son sólo matices entre uno y otro vértice de este triángulo.
A los escritores que forman parte del primer grupo podríamos llamarlos discípulos o sucesores. Son aquellos que se insertan o se suscriben a una tradición; toman ciertos escritores o temas como guías o fuentes de inspiración y se acomodan en su literatura sin modificarla o modificándola apenas. La presión que ejercen sobre la tradición es mínima y el aporte que realizan suele ser pobre o escaso.
El segundo grupo estaría integrado por los fundadores, aquellos que crean una nueva tradición. Más que crearla, en realidad, la consolidan. La tradición que ellos crean es aquella que se desprende de otras pero cuyas huellas son difíciles de reconocer en una sola. El fundador trabaja todo el tiempo con materiales heterogéneos dispersos en la realidad. Es quien se revuelca en el barro (por no decir en la mierda) en la que nadie se mete por miedo a caer en el mal gusto o en la novedad. Este tipo de operación implica un enorme esfuerzo, no sólo en cuanto a las condiciones de producción de las obras, sino también en cuanto a las condiciones y experiencias de vida de los autores y a lo que ellos entienden por literatura en contra de lo que manifiesta el sentido común.
El punto intermedio entre los sucesores y los fundadores son los inventores. A diferencia de los segundos, éstos realizan el mínimo de esfuerzo para obtener el máximo de efectos. Como los primeros, se insertan en una tradición, pero ya no operan sobre una obra o sobre ciertos temas, sino que su materia prima son los mismos escritores. El material que utilizan ya no es discursivo, sino humano. Los alumnos superan a los maestros en tanto que dejan de verlos como una luz de la que emana conocimiento y comienzan a operar sobre ellos como si formaran parte de sus propias obras, o mejor, como si las obras fueran ellos mismos. El inventor hará de cuenta que su gesto es natural, como si fuera algo obvio; actuará con falsa modestia, como si no hubiera operado sobre la realidad, como si eso que acaba de postular siempre hubiera estado allí, e insistirá a que los demás lo imiten. Para todo ello se valdrá de la argumentación y tratará de legitimar su mirada por sobre los hechos. El inventor desjerarquiza, revaloriza, desprestigia o enaltece ciertos escritores para así poder respaldar su propia obra y proponerla como producto final de un largo proceso aparentemente invisible hasta ese momento.
El resto, como dije, son matices. Podríamos agregar, se me ocurre, al innovador, aquél que, sin fundar una nueva tradición, va más allá de la que ya existe y la rejuvenece, logra captar nuevamente la atención sobre ella.
Escapar de lo que nos precede es una tarea inútil, pero no por eso deja de presentársenos como un problema que se puede encarar de diferentes maneras. El camino que decidamos tomar puede ser más o menos tortuoso dependiendo de las decisiones que tomemos. Qué hacer con la tradición es lo que hay que preguntarse a la hora de sentarnos a escribir.